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La ruta de los Vizcondes de Cabrera

La historia de Blanes estará ligada por siempre con el vizcondado de Cabrera, que fue uno de los señoríos feudales más importantes de Cataluña. Funcionó como tal durante más de 900 años, desde el siglo XI hasta el XIX. El vizcondado era prácticamente un estado dentro de otro estado, con su propia administración, su propia fiscalidad, su ejército y su justicia. Los vizcondes solamente debían obediencia al rey, puesto que eran sus vasallos. Sus huellas son todavía muy visibles en el territorio, como los castillos y villas donde vivieron, o aquellos que dominaron, como el castillo y la villa de Blanes. También se aprecia esta huella en otros municipios como Hostalric, Anglès, Vidreres, Palafolls y Torelló, entre otras. Esta primera, Hostalric, fue la capital administrativa hasta la extinción de los señoríos. Sin embargo, a partir del siglo XVI, la corte se trasladó a Blanes, capital marítima y comercial del vizcondado. La huella que ha dejado la época del vizcondado de Cabrera sigue muy presente y viva a día de hoy por las tierras del vizcondado, así como también en Blanes, y esta ruta os llevará por diversos elementos que son testigos de este legado, y que se pueden reseguir a lo largo de la trama urbana de la ciudad.

Donde la historia roza el cielo

El Ayuntamiento de Blanes, a través del Departamento de Archivo y Patrimonio Histórico, le da la bienvenida y le abre las puertas a la torre del Castillo de Sant Joan.

Desde esta privilegiada atalaya, una de las más altas de Blanes, le invitamos a contemplar una espectacular panorámica de 360 grados. Ante usted se despliega la belleza de nuestra ciudad y su entorno, con la inmensidad del mar como hilo conductor entre el pasado y el presente.

Imagine un viaje en el tiempo: se encuentra en una atalaya estratégica que desempeñó un papel fundamental en la época de los Cabrera. Disfrute de unas vistas inolvidables mientras se adentra en la historia viva de nuestra ciudad.

El territorio 

El castillo de Sant Joan se alza en la cima del cerro del mismo nombre, a unos 173 metros sobre el nivel del mar.

Desde esta colina, hacia poniente, se domina toda la llanura del río Tordera, desde el mar hasta Hostalric. En los días claros se distingue la silueta de Montjuïc, en Barcelona, así como la cordillera Litoral catalana, con el Montnegre, el Montseny, Montsoriu y Les Guilleries. Hacia levante se divisan Lloret, el cabo de Tossa y el macizo de Cadiretes; hacia el interior, Santa Bàrbara, las colinas de El Vilar y Montbarbat, y el macizo de Les Gavarres.

El castillo y la torre

Aunque el conjunto arquitectónico actual es de origen medieval, el uso de Sant Joan como atalaya se remonta a la época ibérica. 

La estructura del castillo está formada por un recinto amurallado de planta bastante rectangular y una torre cilíndrica de unos 15 metros de altura, lo que evidencia la antigüedad del castillo y responde a las distribuciones más antiguas de los castillos catalanes. 

El recinto amurallado, de 23 metros de ancho por 34 de largo, tenía el acceso por una puerta situada en su flanco sur, hoy muy deteriorada. La falta de espacio hizo que la capilla del castillo, dedicada a san Juan, se situara fuera del recinto; está documentada ya en el año 1245.

Se accedía a la torre del homenaje por una puerta de arco de medio punto situada a unos 9 metros de altura, todavía visible en la actualidad. La torre estaba dividida en dos plantas cubiertas con bóvedas semiesféricas, tenía base ataluzada y estaba rodeada por un foso. Se entraba a la torre por una escalera de mano de madera que garantizaba su aislamiento en caso de ataque, al permitir cerrar la única puerta existente.

Un castillo con siglos de historia

La primera referencia documental al castillo de Sant Joan se remonta al año 1001, cuando aparece mencionado como castillo de Blanes o de Forcadell.

El castillo y la villa de Blanes estaban bajo la jurisdicción de la familia feudal de los Cabrera, que hasta 1382 tuvo como subfeudataria a la familia de los Blanes. 

La función del castillo era defender la villa de los peligros que acechaban principalmente desde el mar (incursiones enemigas, piratas, etc.). A partir del siglo XIV, junto con el palacio vizcondal, formó parte del gran sistema de fortificaciones del río Tordera, cuya misión era proteger la capital, Barcelona, desde el norte.

Cuando la Corona devolvió el vizcondado a la familia, a finales del siglo XIV, los Cabrera fijaron su residencia en Blanes, construyeron un nuevo palacio fortificado junto a la iglesia y reconstruyeron los muros perimetrales del castillo de Sant Joan, que son los que han llegado hasta nuestros días. En ese momento, Blanes se convirtió en la capital del vizcondado de Cabrera.

Decadencia y abandono

A finales del siglo XV, el castillo empezó a perder su importancia estratégica. La evolución de la técnica militar, con la introducción de la pólvora y de la artillería, hizo que muchas de las antiguas fortificaciones, como Sant Joan, quedaran prácticamente en desuso.

Ya en esa época se detectan signos de abandono. Durante la construcción del convento de los capuchinos, en 1588, los frailes se llevaron la piedra labrada de los muros del castillo, así como la madera.

El castillo permaneció abandonado hasta que, entre 1849 y 1859, se instaló en él una estación de telegrafía óptica de uso militar, lo que implicó algunas reformas en la torre del homenaje.

Entre 1954 y 1958, el Patronato de Reconstrucción del Castillo de Sant Joan llevó a cabo la rehabilitación de la torre y la capilla.

Las últimas intervenciones en el conjunto

El aspecto actual del conjunto es el resultado de unas obras de rehabilitación municipal realizadas entre 1987 y 1991 por los arquitectos Fuses y Viader. Durante ese mismo periodo, se llevó a cabo una excavación arqueológica de urgencia que aportó información sobre la evolución del castillo. El estado actual del conjunto responde también al proyecto de adecuación ejecutado por el estudio de arquitectura Nus en 2015.

SANT JOAN (16)-min

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